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Cómo comunican la eficiencia energética las marcas de electrodomésticos

eficiencia energética de electrodomésticos

 

Conocé cómo leer la etiqueta y comparar entre diferentes productos según la nueva regulación argentina para el etiquetado de eficiencia energética obligatorio.

por Equipo Webmedia

 

Imagina que estás por renovar dos cosas en tu cocina: la heladera y la campana. El caso es hipotético, pero las situaciones que describe son las que aparecen cuando se compara cualquier electrodoméstico. En la primera publicación que abrís, una heladera muestra una etiqueta con una letra grande y una escala de colores. En otra, un modelo parecido destaca una clase con varios signos “más”. Cuando pasas a las campanas, la etiqueta desaparece. En su lugar aparecen metros cúbicos por hora, velocidades y potencia del motor.¿Cómo comparas, si cada producto te habla en un idioma distinto?

El escenario: dos compras, dos lenguajes

Volvamos al ejemplo. En la heladera, la información de eficiencia está ordenada por una etiqueta oficial. En la Argentina, ese sistema de etiquetado acaba de actualizarse. La principal novedad es una escala unificada de la A a la G, que reemplaza a las antiguas categorías “plus” (A+, A++ y A+++). El cambio no significa que los productos rindan menos ni que consuman más: es una redefinición de la escala para reflejar mejor la eficiencia de las tecnologías actuales.

Eso explica la primera confusión del escenario. Durante la transición conviven en el mercado modelos con la etiqueta vieja y modelos con la nueva. Una heladera con una letra aparentemente “peor” en la escala nueva puede no ser menos eficiente que otra con varios “más” en la escala anterior. Las dos letras no se pueden comparar de forma directa.

En la campana, el problema es otro: no hay etiqueta que ordene la comparación. El listado oficial de productos con etiquetado de eficiencia energética obligatorio en la Argentina incluye heladeras, lavarropas, aires acondicionados, lámparas, microondas, televisores y hornos eléctricos portátiles, entre otros. Las campanas no figuran en ese listado.

Qué hacen las marcas

Cuando la etiqueta existe, las marcas la usan como argumento central. La clase energética aparece en la foto principal, en el título del producto y en la publicidad. No es solo una elección comercial:la nueva regulación argentina establece que quien ofrezca estos productos, por cualquier medio, debe incluir en su publicidad como mínimo la clase energética y la escala de clases de la etiqueta. Además, la etiqueta no puede quedar tapada, ni total ni parcialmente, por otros elementos publicitarios.

Cuando la etiqueta no existe, el argumento cambia. En las campanas, la comunicación se apoya en datos de desempeño que el fabricante elige mostrar. Lo habitual es el caudal de extracción, expresado en metros cúbicos por hora, la cantidad de velocidades, el tipo de filtro y el material.

En las búsquedas deuna campana de 60 cm, el ancho estándar para muchas cocinas, ese patrón se repite: los títulos destacan caudal, velocidades y terminación, y casi nunca un dato de consumo eléctrico comparable.

Un ejemplo de este tipo de comunicación esun extractor Siam de tres velocidades, cuya publicación pone en primer plano el caudal, la cantidad de velocidades y el acero inoxidable. Es uno de los muchos productos de la categoría que se comunican así.

Lo mismo pasa con búsquedas de modelos puntuales, como spar flexa 60, en las que el comprador llega con un nombre de producto, pero sin una referencia de consumo para compararlo con otros.

Ese dato de caudal es útil, pero no equivale a eficiencia. Una organización de consumidores española lo explica en suguía de compra de campanas: más capacidad de extracción no significa más eficacia. Las campanas de extracción muy alta pueden consumir más energía y ser más ruidosas que las estándar.

Los resultados: qué le pasa al comprador

Volvamos al caso hipotético. Con la heladera, el comprador tiene una herramienta común para todos los modelos: la etiqueta. Puede comparar clases, siempre que tenga en cuenta si está mirando la escala nueva o la vieja. El instituto de normalización IRAM, que participa en la certificación de estas etiquetas, estimó que los ahorros pueden llegar a un 20 % en una lámpara o a un 5 o 6 % en un aire acondicionado por cada clase de diferencia. Son cifras que solo se pueden calcular porque existe una escala común.

Con la campana, el comprador compara lo que cada marca decidió mostrar. Si una publicación informa el caudal máximo y otra el mínimo, o si una menciona la potencia del motor y otra no, la comparación queda incompleta. En la práctica,el criterio de compra se desplaza hacia el diseño, el precio y la potencia de extracción. El consumo, que no aparece, queda afuera de la decisión.

El contraste con otros mercados muestra que esto no es inevitable. En la Unión Europea, las campanas extractoras de uso doméstico tienen etiqueta energética desde 2015. En 2023, el Tribunal de Justicia de la UE determinó que la publicidad de hornos y campanas debe indicar tanto la clase de eficiencia del producto como la gama de clases de la etiqueta. Es el mismo criterio que la nueva regulación argentina aplica a los productos que sí tienen etiqueta.

Qué aprender

El caso hipotético deja varias lecciones para quien compra y para quien comunica.

La primera es que la etiqueta funciona como argumento porque es comparable. Una letra en una escala oficial dice algo que ningún eslogan puede decir: dónde está ese producto respecto de todos los demás de su categoría. Por eso las marcas la destacan cuando les conviene y por eso la regulación obliga a mostrarla junto con la escala completa.

La segunda es que, en plena transición de escala, la letra sola no alcanza. Conviene mirar qué escala usa la etiqueta y, si está disponible, el consumo anual de energía, que se expresa en kilovatios hora y permite comparar más allá de la letra.

La tercera es que, cuando no hay etiqueta,el comprador tiene que hacer el trabajo de traducción. En una campana, eso significa preguntar por la potencia del motor, comparar caudales medidos de la misma forma y no asumir que más metros cúbicos por hora es mejor.

En resumen, lo clave:

  • La etiqueta es el argumento más sólidoporque permite comparar con un criterio común y verificado.
  • La Argentina pasó a una escala de la A a la G, que reemplaza las clases “plus”; durante la transición, conviene no comparar letras de escalas distintas.
  • La publicidad debe mostrar la clase y la escalaen los productos alcanzados por el etiquetado obligatorio.
  • Las campanas no tienen etiqueta obligatoria en el país, y su comunicación se apoya en caudal, velocidades y materiales, datos útiles pero que no reemplazan un dato de consumo.
  • Más caudal no equivale a más eficiencia: puede implicar más consumo y más ruido.

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